Mil rojos en los farallones de Quijadas

Huellas de dinosaurios, cóndores, manadas de guanacos y conejos acompañan el recorrido por este Parque Nacional lleno de senderos. La naturaleza sorprende en cada uno de ellos con sus formas erosionadas por los años.

La visita al Parque Nacional Sierra de las Quijadas es una suerte de viaje al inicio de los tiempos. En este paraje de 150 mil hectáreas, donde pareciera que en cualquier momento va a aparecer volando un grupo de pterodáctilos, se teje y desteje una trama infinita de castillos de arena esculpidos por el viento en la provincia de San Luis.

El parque cretácico y jurásico resguarda tesoros paleontológicos y los viajeros se quedan maravillados cuando se cruzan con sorpresas como una gran huella de dinosaurio o descomunales paredones en medio de un desierto rojo, que brotaron del fondo de la tierra cuando surgió la Cordillera de los Andes.

El Parque Nacional está ubicado a 126 kilómetros de la ciudad de San Luis, y cerca de la entrada ya sorprende el emplazamiento de más de veinte “hornillos" o “botijas", comprendidos dentro del perímetro de un gran asentamiento indígena. La sensación de que la aventura recién comienza se talla firmemente en el espíritu de los viajeros cuando un guardaparques cuenta que, además, en el lugar se encontraron restos fósiles de dos especies de pterosaurios o lagartos alados.

El recorrido continúa hacia Potrero de la Aguada, una singular formación geológica: el enorme anfiteatro natural está rodeado de abruptas paredes de areniscas y aglomerados de coloración rojiza, en las cuales la erosión labró las más caprichosas formas.

Guanacos, pecaríes de collar, conejos de los palos, maras y pumas (más difíciles de ver, pero presentes) acompañan el camino. La fauna cobija, además, especies protegidas como la tortuga terrestre común, el halcón peregrino, el águila coronada, el pichiciego menor, el cardenal amarillo y la reinamora, que sorprenden tanto como la flora adaptada a las particulares condiciones ambientales del lugar, como la sequedad y la erosión.

Transitar de manera autoguiada caminos de una hora por dos senderos peatonales de miradores o realizar excursiones más prologadas con guías, como Las Huellas del Pasado, Farallones y Guanacos: todo es posible.

Algunos optan por el Sendero de Miradores, de dos horas de duración, donde una caminata por la explanada tiene una valiosa recompensa: una vista panorámica impresionante para observar la gran depresión central formada por la erosión de aproximadamente 4.500 hectáreas. El Sendero de Huella de Saurio y Chica Abuela (de 3 horas) maravilla con bellos ejemplares de la planta de Chica, paredones con estratos y la Huella del Saurópodo, de hace millones de años, además de la zona denominada Intangible, donde las cosas siguen su curso según la naturaleza lo dispone.

De cuatro horas, el Sendero del Cañón de Farallones se desvía del de la Huella. Descender hasta el fondo del valle es sentirse retroceder en el tiempo y, a cada metro, sorprende saber que se pisan estratos sedimentarios formados por eras geológicas cada vez más antiguas. Al final del sendero, escarpadas paredes de 250 metros de altura adquieren formas singulares como la falda, la cabeza de toro, el botellón y el puma.

El Sendero de los Guanacos lleva en tres horas por una senda y los animales que le dieron nombre la usan actualmente. Mientras se interpretan la flora y geografía de las sierras, se conocen las costumbres y rutinas de los guanacos y, si éstos lo permiten, se disfruta del paso de alguna manada, que se corona con la satisfacción de un seguro avistaje de cóndores al final del circuito.

En el "Gran Cañón del Colorado en miniatura", el labrado producido por la naturaleza a través de los siglos asombra a través de tres senderos entre acantilados, farallones, cornisas y terrazas. La comunidad huarpe recibe a las visitas con calidez al igual que la proveeduría en Quijadas, donde saciar el apetito después de horas de caminata.

Son muchos atractivos que conocer en una escapada de uno a tres días, en cualquier momento del año. En verano es mejor comenzar temprano para evitar el sol, y en invierno lo ideal es al mediodía por las bajas temperaturas; pero las maravillas naturales siempre estarán ahí, al alcance de la emoción, cerca de la Ciudad de San Luis, Potrero de los Funes y Villa de Merlo.

 

A San Luis se llega en avión, al aeropuerto Brigadier Mayor César R. Ojeda o a sus otros aeropuertos provinciales; en ómnibus o en auto, por la RN 20, la RN 146, la RN 148 y la RN 7. A Villa Mercedes se llega por las rutas 7 y 8. Al Parque Nacional la Quijada se accede por la ruta 147, a 126 kilómetros de la ciudad de San Luis.

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